domingo, 1 de abril de 2018

Noche de invierno



Noche de invierno
Viernes, 16 de febrero de 2018

Noche de invierno,
fría como un témpano;
un rayo de luna
sobre el monte plateado;
dormíos eran los padres,
dormíos los hermanos;
y agarrado a su baranda,
tan blanco como él era,
que casi parecía un lucero
—mas ¡no, no era estrella!—,
pedía triste a la luna
que antes que el sol saliera
y alargara desde allí sus brazos
y a su hijo le devolviera;
y aunque nunca la vio moverse
—excepto el día que arrancó
de su pecho al tierno niño,
de su pecho el corazón—,
creyó verla negando,
llena e inmaculada en el cielo,
y a su niño en ella creyó
verlo teniendo un sueño:
volver un día a sus brazos,
a su regazo y a su pecho;
y tan triste se puso
que juró subirse arriba
y darle muerte de noche;
juró matar a la luna;
juró recordarle su nombre.
Noche de invierno…

—Alonso Macías Recio.

Romance de la madrugá



Romance de la madrugá
Viernes, 29 de diciembre

   En una blanca madrugá,      como blanco era el pelaje,
   las garras y los colmillos,      resplandecía la calle
   y esta gata que danzaba      entre los brazos del padre
   y de Morfeo. Maulló      entre brisas y soñares,
   y se revolvía hermosa,      tatuado en ella el coraje
   —y la belleza del momento—.      La luna daba su sangre
   argentina a sus párpados;      la noche dio sus estares
   a sus gráciles soplidos;      y el sentimiento cobarde
   me dio a mí la admiración      de aquellos bellos instantes,
   y me deseé dormido      como tales obras de arte:
   la noche, la luna azul      y la gata y su talante.
   En una blanca madrugá…

—Alonso Macías Recio.

Oda a mí mismo



Oda a mí mismo
Martes, 12 de diciembre de 2017

Harto arduo fue el camino,
mas ya despierto está —y ¡tan vivo!— el canto.
Ante mí yo me inclino;
y del suelo desplanto
la frivolidad, mi reflejo y el llanto.

Diluvió agua y dolor;
me desvestí rápido la armadura.
Vociferó un fragor
y exclamé yo amargura;
le dije: —¡Venga a mí, infame criatura!

Desnudo y bien expuesto;
redondo, perfecto; nunca observado,
nunca antes tan apuesto.
¡Qué distinto y delicado!
Nuevos los ojos y nuevo el amado.

—Alonso Macías Recio.