Romance de la madrugá
Viernes, 29 de diciembre
En
una blanca madrugá, como blanco era
el pelaje,
las
garras y los colmillos, resplandecía la calle
y
esta gata que danzaba entre los
brazos del padre
y
de Morfeo. Maulló entre brisas y
soñares,
y
se revolvía hermosa, tatuado en ella
el coraje
—y
la belleza del momento—. La
luna daba su sangre
argentina
a sus párpados; la noche dio sus estares
a
sus gráciles soplidos; y el
sentimiento cobarde
me
dio a mí la admiración de aquellos
bellos instantes,
y
me deseé dormido como tales obras de
arte:
la
noche, la luna azul y la gata y su
talante.
En una blanca madrugá…
—Alonso Macías Recio.
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